jueves, 19 de noviembre de 2009

Bioterrorismo




Las armas biológicas se encuentran muy ligadas al terrorismo, y se suele denominar Bioterrorismo. Muchas organizaciones terroristas toman mucho en cuenta a los agentes químicos como su arma preferida al diseñar su estrategia de ataque, por lo mismo que son baratas, fáciles de adquirir y transportar.
Los terroristas suelen utilizar agentes biológicos que se dispersen rápidamente en el agua o el aire o que tengan la capacidad de contaminar productos comestibles y que provoquen enfermedades mortales. Se puede decir que los bioterroristas no solo piensan en destruir a grandes masas poblacionales sino que también suelen atacar a las grandes y sustanciales reservas de recursos como agua o productos comestibles, también pueden atacar al ganado o a cultivos, causando epidemias incontrolables y que sean capaces de ser transmitidas a los humanos

En 1946 tres miembros de la organización judía llamada Dahm Y'Israel Nokeam que significa Vengando la sangre de Israel ingresaron a la cocina de un antiguo campo de prisioneros de guerra en Nuremberg donde se detenían a miles de tropas de la SS alemana. Se dice que los tres miembros que ingresaron, esparcieron una mezcla de arsénico sobre pan, como una venganza por el holocausto. Se afirma que este ataque tuvo como consecuencia más de 2.000 víctimas, de las cuales 2.000 se enfermaron y más de 200 fueron hospitalizados.



En julio de 1974 un grupo que se autodenominó como Aliens of America incendiaron las casas de dos comisionados de la policía, el automóvil de uno de ellos, dos edificios de apartamentos y también detonaron una bomba en la terminal de Pan Am en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, donde tres personas fallecieron y ocho resultaron heridas. Se dice que en las diferentes operaciones se llevaron a cabo grandes cantidades de sarín, fosgeno, cianuro de sodio y otros cuatro agentes nerviosos



El 20 de marzo de 1995 un grupo de terroristas japoneses llamados Aum Shinrikyo utilizó sarín en metro de Tokio; provocando 12 muertes y más de 5.000 heridos; y en junio de 1994 el mismo grupo terrorista lanzó un ataque químico, utilizando sarín, en contra de un edificio de apartamentos en Matsumoto.

Armas químicas y biológicas durante la guerra de Iran-Iraq

En los inicios de la guerra Iran-Iraq, Iraq empezó a utilizar gas mostaza y tabun, los cuales eran dispersados desde las bombas que lanzaban desde los ataques aéreos; se dice que el 5% de las muertes iraníes fueron provocadas por estos agentes mortales.
Los ataques iraqíes lesionaron aproximadamente a mas de 100.000 soldados iraníes, sin embargo dichas cifras no incluyen a los civiles que se vieron afectados, puesto que vivían en los pueblos cercanos al conflicto, ni tampoco se contó a los hijos y parientes de los veteranos; gran cantidad de ellos desarrollaron complicaciones en su sangre, pulmones y piel. También se dice que los agentes nerviosos aniquilaron a aproximadamente 20.000 soldados iraníes de forma inmediata, y de las 80.000 personas que sobrevivieron estos ataques, se estima que 5.000 debieron de someterse a tratamientos médicos de forma regular y 1.000 debieron de estar hospitalizados largo tiempo debido a la gravedad de sus condiciones.
Pasada la guerra, en 1988, la aldea iraquí de Halabja fue víctima de un ataque químico en el cual se usó gas mostaza, sarín, tabun y VX y tuvo como consecuencia la muerte de más de 5.000 habitantes kurdos. La ONU ingresó al conflicto y ordenó alto al fuego.

Armas químicas y biológicas durante la Segunda guerra mundial

El uso de las armas químicas en la segunda guerra mundial no fue tan devastador ni se propagó tanto como en la primera guerra. No obstante, sí existieron casos que manifiestan su uso.
Alemania en ese entonces dirigida por el régimen dictatorial de Hitler transformó totalmente la guerra química, cuando descubrió lo agentes nerviosos, tales como el sarín y el tabun. Los nazis desarrollaron y elaboraron dichos agentes, sin embargo nunca emplearon su uso de forma masiva.
Se emplearon únicamente estos agentes, cuando no había temor de un contraataque.
Durante la ocupación japonesa en China entre 1937 hasta finales de la segunda guerra mundial, se experimentaron los efectos de las armas químicas y biológicas sobre civiles y prisioneros de guerra. Su programa contaba con ciento cincuenta edificios, tres mil científicos y técnicos que solían contaminar a las personas con shigella, peste, meningitis y ántrax, entre otras cosas, además de que bombardearon media docena de pueblos con hasta quince millones de pulgas contaminadas de peste bubónica.
En 1944 el Gran Mufti de Jerusalén, Amin al-Husayni, el líder religioso islámico de Palestina y también aliado de Adolf Hitler, inauguró una campaña en contra de la comunidad judía de aquella región y se dice que durante esta campaña intentó emplear armas químicas, cuando cinco paracaidistas con órdenes alemanas debían esparcir un polvo blanco que llevaban en unos recipientes, sobre los pozos de Tel Aviv. Dicho polvo era veneno suficiente como para matar 25.000 personas.
Gran Bretaña planificó realizar ataques con 500 bombas de las cuales, cada una contaba con 106 bombas de ántrax, que podrían haber matado al 50% de los habitantes de las seis ciudades alemanas
Por otro lado, los nazis utilizaron el insecticida, que contenía cianuro de hidrógeno, con el fin de matar a grandes cantidades de personas, ya sean niños, ancianos, mujeres y hombre en sus campos de concentración como los de Auschwitz y Majdanek, durante el Holocausto.

Armas químicas y biológicas durante la primera guerra mundial






La primera vez que se usaron las armas químicas a gran escala fue durante la Primera guerra mundial en el año 1914. Todo comenzó ese año cuando el científico Fritz Haber designó a Guillermo II, el instituto de investigaciones Kaiser Wilhelm de Berlín, donde se estableció una convención secreta que se dedicó a desarrollar sustancias químicas para uso bélico. Por otro lado, la industria química y armamentística inició la producción de nuevos gases tales como el fosgeno, arsénico, ácido cianhídrico etc.
Alemania fue el primero en ocupar químicos en el campo de batalla y su empleo se manifestó el 10 de marzo de 1915, cuando tropas alemanas se ubicaron a lo largo de las líneas de las trincheras francesas e inglesas que se encontraban en Ypres, Bélgica; tardaron un mes aproximadamente en colocar cilindros de gas cloro en el frente. No obstante, fue esparcido por primera vez el día 22 de abril del mismo año, alas 4 de la tarde, el clima ventoso que soplaba hacia las trincheras enemigas, permitió que los alemanes abrieran las llaves del gas, provocando una espesa nube de color amarillo-verdosa de 600 a 900 metros de profundidad que se deslizaba a nivel del piso, ocasionando un efecto aniquilador en las posiciones enemigas, que tuvo como resultado, 10 000 personas intoxicadas y más de 5 mil muertos, de lo cuales muchos murieron en el acto mientras que otros que lograron escaparse en el primer momento, murieron poco tiempo después.
Poco tiempo después, la serie de horrores tóxicos se fue ampliando. Los gases empezaron a lanzarse en bombas de artillería para evitar que el viento traicionero cambiara de dirección y terminara matando alas propias tropas por asfixia. Se establecieron cubiertas protectoras; los ejércitos desarrollaron sistemas de defensa y alarma, y se vieron obligados a abastecerse de máscaras anti-gas y ala rápida colocación de los mismos (seis segundos).
Desde 1916 las emisiones de nubes de cloro fueron sustituidas por granadas rellenas de gas fosgeno, bromuro de xileno y arsinas. La industria de la guerra fabricaba gases llamados Cruz Verde, Cruz Blanca, Cruz Azul y Cruz Amarilla, preparados por compuestos orgánicos con cloro y arsénico derivados del ácido cianocloruro. Fue en el mismo año, que los alemanes emplearon a gran escala estos gases asfixiantes. Se ejecutaron cinco grandes ataques en contra de los ingleses, y otros ataques en contra de Francia y Rusia, donde se empleó más que todo, gases que contaban con mayor concentración del mortal fosgeno.

“Un ataque destacado fue el Arras en diciembre de 1916. Allí, grandes cantidades de granadas cayeron en los alrededores, saturando los pisos y muros de las casas. Como era muy intenso el frío, se evaporaron los gases lentamente. Al siguiente día, cuando aparentemente los gases habían desaparecido, muchos soldados se quitaron las máscaras. Un error porque con el aumento de las temperaturas la evaporación de los gases comenzó de nuevo, habiendo un gran número de atacados.”


“La táctica consistió en ocultar por todos los medios posibles los preparativos previos, la utilización de nubes de humo para desviar la atención y el lanzamiento de los gases a intervalos variables. Esto último fue en realidad tristemente eficaz, pues la segunda emisión, después de la calma que seguía a la primera nube, encontraba desprevenidos a los hombres.”

No obstante, no fue hasta 1917 que lo alemanes dieron inicio al uso de su arma más letal, el Gas Mostaza, el cual persistía un largo periodo de tiempo contaminando la superficie, en forma de gotas similares al rocío, y era capaz de atravesar la ropa y los zapatos. En Nieuport se lanzaron más de 50.000 granadas en una sola noche, invadiendo casi toda la ciudad. También se calculó que en el otoño del mismo año, las tropas alemanas lanzaron más de un millón de granadas que contenían aproximadamente 2.500 toneladas de este gas.

Por otro lado, los franceses desarrollaron agentes biológicos para matar a los animales de la caballería alemana; sin embargo los alemanes lanzaron agentes que arrasaron con el ganado de Rumania y también trigo y ganado que se encontraba almacenado en Argentina e iba a ser enviado a los aliados.
Se afirma que entre 1915 y 1918 se liberaron 125 000 toneladas de compuestos tóxicos diferentes, provocando 1 300 000 mutilados, entre ellos más de 90 000 muertos.

Armas biológicas

“Se define como guerra biológica el uso intencional de organismos vivos o sus productos tóxicos para causar muerte, invalidez o lesiones en el hombre, animales o plantas. Su objetivo es el hombre, ya sea causando su muerte o enfermedad o a través de la limitación de sus fuentes de alimentación u otros recursos agrícolas. El hombre debe sostener una continua batalla para mantenerse y defenderse a sí mismo, a sus animales y a sus plantas, en competición con insectos y microbios. El objeto de la guerra biológica es malograr estos esfuerzos mediante la distribución deliberada de gran número de organismos de origen local o foráneo, o sus productos tóxicos, haciendo uso para ello de los medios más efectivos de diseminación y utilizando puertas de entrada inusuales. La guerra biológica ha sido adecuadamente descrita como salud pública al revés.”
Folleto Efectos de los agentes de la guerra biológica

Armas químicas



El ser humano tardó menos tiempo en tomar ejemplo del zorrillo para atacar a sus semejantes con sustancias pestilentes, que en imitar a las luciérnagas para iluminarse en las noches. “
Benjamin Ruiz Loyola.

"El Arte más consumado consiste en destruir al enemigo sin tener que combatir con él. "El método directo de guerra es necesario, sólo en el campo de batalla; pero sólo con "el método indirecto se obtendrá la verdadera victoria y se la consolidará."

"La suprema excelencia no está en ganar cien victorias en cien batallas, la suprema excelencia está en destruir al enemigo sin tener que combatirlo".

Las armas químicas son sustancias químicas, ya sean, gases, líquidos o sólidos que pueden emplearse como armas de destrucción debido a sus efectos tóxicos directos con el hombre, los animales y las plantas; a diferencia de otras armas, las químicas solo requieren de dosis pequeñas, actúan muy rápido y son relativamente fáciles de manejar. Existen numerosos tipos de armas químicas que se dividen de acuerdo al tipo de daño que producen, a su potencial y a la duración de sus efectos. Las armas químicas suelen ser dispersadas por proyectiles; a través de la artillería o los misiles.

jueves, 1 de octubre de 2009